Por E. G. White
Participamos del servicio de comunión porque así fue como Cristo nos pidió que lo recordáramos. Cuando Jesús se humilló y, uno por uno, lavó los pies de Sus discípulos, les enseñó una poderosa lección de humildad, desprendimiento y amor. Luego les dio una instrucción clara y permanente: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.”
En ese momento, Cristo reveló el verdadero corazón del discipulado. El servicio del lavamiento de los pies abrió los ojos de los discípulos, llevándolos a reconocer su orgullo y sus malentendidos. Sin condenación ni discusión, Jesús enseñó mediante el ejemplo—un acto de amor que jamás olvidarían.
Este folleto guía al lector a comprender el significado profundo de los últimos actos de Cristo antes de Su sacrificio. Explica cómo el servicio de comunión fue instituido para reemplazar la Pascua y permanecer como un memorial eterno del amor abnegado de Cristo. Más que un ritual, la comunión es una experiencia profundamente personal destinada a renovar la fe, fortalecer la unidad entre los creyentes y mantener vivo en el corazón el sacrificio de Jesús.
A través de estas palabras inspiradas, el lector entenderá mejor por qué la comunión sigue siendo una parte esencial de la adoración cristiana—llamando a la humildad, la reconciliación, la gratitud y la esperanza en el regreso prometido de Cristo.
Este folleto está tomado del capítulo 72 de El Deseado de Todas las Gentes y es ideal para la reflexión personal, la preparación para la comunión o para compartir con quienes desean comprender más profundamente el amor y sacrificio de Cristo.




